Aceptar a los demás

aceptar a los demás

La Aceptación de los demás es imprescindible para un completo desarrollo mental, personal y social.

Tendemos a juzgar, analizar, criticar, sentenciar con severidad, las acciones de los otros. No son pocas las veces que buscamos lo que a nuestros ojos nos parece, un justo castigo ante una actitud intolerable.

La no aceptación de los demás es un gran error que aparece cuando confundimos  las personas en sí mismas, con sus actos.

Surge de la falsa creencia que los demás son malos. La sentimos cuando estamos convencidos que sus actitudes y decisiones son fruto del egoísmo o la maldad, dando por sentado que quieren herirnos; siendo una idea equivocada, ya que la bondad es en la esencia inherente del ser humano. Lo que todas las personas desean es ser felices y hacer felices a los demás.

Lo que sí puede ocurrir es que algunos individuos,  en su trato con los demás adopten actitudes egoístas, déspotas, injustas, que antepongan su interés personal a base de la explotación de los otros…pero aún así, estas serán sus acciones y no la persona en sí misma.

Se podría decir  de esas personas, que están equivocadas, incluso enfermas, pero esto no las convierte en personas despreciables que merezcan nuestra condena personal.

Es muy posible que estas personas necesiten entender la vida de otra forma, encontrar otra filosofía en el trato con los demás o buscar ayuda profesional, no lo dudo, pero todas las personas en sí, son buenas.

En mi opinión, si partimos de la base que los demás son buenas personas cuyos actos no se basan en la maldad, se producen dos efectos inmediatos:

El primero es que dejamos de odiarlas. El odio no sirve para nada positivo, sólo hace mal, sobre todo a nosotros mismos.

No tiene sentido odiar a los demás sólo porque estén equivocados o enfermos.

Desligar los actos, de las personas en sí mismas, nos ayudará a aceptarlas, facilitará nuestra relación con ellas. Probablemente peferiríamos que estas personas cambiasen sus actitudes por otras más “sociales” y puede que eliJamos no  relacionarnos con ellas. En cualquier caso nos liberará de una buena carga de sentimientos negativos.

El segundo es que perderemos el miedo a relacionarnos con nuevas personas, nos abriremos  de forma honesta a aquellos que se crucen en nuestro camino, favoreciendo así nuevas  relaciones que seguramente nos proporcionarán grandes satisfacciones.

Comprender que todos somos buenos, que podemos estar equivocados o incluso “un poco locos”, pero que no vamos por ahí buscando hacer daño a los demás. Esto sin duda hará la convivencia más grata.

Es importante entender que en las relaciones humanas hay que saber renunciar, aceptando a los otros como son, que la perfección no existe, que las cosas en muchas ocasiones no serán como desearíamos que fuesen y que los demás no se comportaran como nos gustaría.

Renunciar porque a pesar de todo y de todos,  podemos seguir siendo felices, ya que la felicidad requiere muy poco del exterior y mucho de nuestros pensamientos y nuestro interior.

Y  lo más importante, aceptar a los demás nos ayudará a aceptarnos a nosotros mismos.  No olvidemos aquello que decía Fray Luis de León:

 “Estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás.”

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